Un ángulo distinto produce una emoción diferente

La realidad no cambia: cambia el punto desde el que la miras. Y al moverse la mirada, se mueve el sentido. Lo mismo que ayer era herida, hoy puede ser materia; lo que parecía amenaza, se vuelve puerta; lo que llamabas fracaso, se revela tránsito.

Una emoción no nace del hecho, sino del ángulo que lo encierra. Cuando el ángulo se estrecha, la emoción se convierte en prisión. Cuando se abre, la emoción deja de mandar y empieza a decir.

Tal vez vivir consista en esto: aprender a girar el mundo sin negarlo. No para engañarse, sino para comprender que cada cosa tiene más de una verdad, y que en ese giro —mínimo, silencioso— se decide la forma exacta de nuestra alma.