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Un ángulo distinto produce una emoción diferente

La realidad no cambia: cambia el punto desde el que la miras. Y al moverse la mirada, se mueve el sentido. Lo mismo que ayer era herida, hoy puede ser materia; lo que parecía amenaza, se vuelve puerta; lo que llamabas fracaso, se revela tránsito.

Una emoción no nace del hecho, sino del ángulo que lo encierra. Cuando el ángulo se estrecha, la emoción se convierte en prisión. Cuando se abre, la emoción deja de mandar y empieza a decir.

Tal vez vivir consista en esto: aprender a girar el mundo sin negarlo. No para engañarse, sino para comprender que cada cosa tiene más de una verdad, y que en ese giro —mínimo, silencioso— se decide la forma exacta de nuestra alma.

Emociones

En el ámbito laboral nos parece que focalizando los conocimientos y las aptitudes que nos caracterizan conseguimos alcanzar los objetivos que nos marcamos cada día, sin embargo, eso no es suficiente, falta el motor que pone en marcha toda esa energía potencial latente y ese motor son las emociones. Me explicaré. Las emociones lo son todo en el ser humano. Nos caracteriza y nos diferencia de los demás seres. Hay emociones simples y complejas de distinta intensidad. Las hay positivas, estimulantes y agradables, al igual que las hay del polo opuesto. Unas nos motivan las otras nos inhiben. Pues bien, nuestra capacidad por buscar, generar e intensificar las emociones que se derivan si se alcanzan los objetivos es el motor de nuestra conducta.

Muchos conocimientos, aptitudes adecuadas y unos objetivos concretos pueden no ser suficientes sin la emoción de ponernos en marcha para llegar a la meta. Las emociones nos nutren de energía mental. Son el alimento y el premio al trabajo bien hecho, pero también generan el propio castigo ante las derrotas.