Nunca habíamos tenido tanto conocimiento a nuestro alcance y, sin embargo, disponer de él no significa necesariamente haberlo aprendido. Esta diferencia, aparentemente sencilla, se vuelve especialmente importante en un momento en que la inteligencia artificial puede explicarnos casi cualquier cosa de manera inmediata, clara y convincente.
Nuestro cerebro contribuye a crear cierta ilusión. Cuando leemos una información que ya hemos visto anteriormente, la reconocemos y experimentamos una sensación de familiaridad. Creemos saberla porque nos resulta conocida. Sin embargo, reconocer una idea no significa necesariamente comprenderla en profundidad ni ser capaces de explicarla, relacionarla con otras o recuperarla cuando la necesitamos.
Por eso conviene distinguir entre conservar, reconstruir y reaprender. Conservar significa mantener un conocimiento disponible en la memoria. Reconstruir supone algo más complejo: recuperarlo, relacionarlo y volver a darle forma sin depender completamente de la fuente original. Reaprender, en cambio, consiste en regresar a algo aparentemente olvidado y reconstruirlo a partir de los rastros que permanecen. Son procesos diferentes que solemos reunir bajo una misma expresión: «lo sé».
La inteligencia artificial hace todavía más difusa esta frontera. Puede ayudarnos extraordinariamente a comprender conceptos difíciles, establecer relaciones o acceder rápidamente a explicaciones adaptadas a nuestras necesidades. Pero esa facilidad también contiene un riesgo: confundir la claridad de la respuesta con la profundidad de nuestro aprendizaje. Podemos comprender perfectamente algo mientras lo estamos leyendo y descubrir, poco después, que somos incapaces de reconstruirlo por nosotros mismos.
Tal vez estemos entrando en una época en la que será necesario distinguir entre conocimiento accesible y conocimiento adquirido. El primero puede permanecer fuera de nosotros, disponible en cualquier momento. El segundo exige algún tipo de transformación interior: algo debe quedar, relacionarse con lo que ya sabemos y modificar nuestra manera de pensar.
La inteligencia artificial puede ampliar enormemente aquello que somos capaces de conocer. Pero precisamente por eso plantea una pregunta que merece acompañarnos:
¿Estamos aprendiendo más o simplemente estamos accediendo mejor al conocimiento?