Siempre hemos imaginado el futuro como un lugar al que todavía no hemos llegado. Quizá sea un error.
Una parte del futuro puede consumirse antes de que exista.
Lo hacemos cuando contraemos una deuda que pagará nuestro trabajo de mañana. Cuando agotamos un recurso que necesitarán quienes todavía no han nacido. Cuando aplazamos una reparación cuyo deterioro heredará el siguiente presupuesto.
Pero estamos empezando a hacerlo de una manera mucho más íntima: gastando anticipadamente nuestras propias capacidades.
La inteligencia artificial permite obtener hoy resultados que antes exigían aprender, recordar, comparar, equivocarse y volver a intentar. Eso constituye una extraordinaria ampliación de nuestras posibilidades. El problema comienza cuando confundimos anticipar capacidad con sustituir su construcción.
No es lo mismo.
Una calculadora puede liberar al matemático del cálculo rutinario porque detrás permanece la comprensión. Pero si una inteligencia externa formula, relaciona, interpreta, decide y finalmente explica por nosotros, puede ocurrir algo paradójico: producir cada vez más mientras sabemos hacer cada vez menos.
Entonces aparece una nueva forma de endeudamiento.
La deuda cognitiva.
Cada vez que evitamos un esfuerzo intelectual necesario obtenemos un pequeño beneficio presente. Ahorramos tiempo, incomodidad, incertidumbre. Pero algunas de esas dificultades eran precisamente el entrenamiento que construía nuestra capacidad futura.
El interés de esa deuda no se paga con dinero.
Se paga con dependencia.
Y puede tener interés compuesto: cuanto más delegamos, menos ejercitamos determinadas capacidades; cuanto menos capaces somos, más rentable parece volver a delegarlas.
Hasta que llega un momento inquietante en el que ya no utilizamos la herramienta porque podemos.
La utilizamos porque sin ella podemos menos.
Quizá necesitemos entonces distinguir dos formas radicalmente diferentes de progreso.
Anticipar el futuro significa utilizar la tecnología para ampliar las capacidades que tendremos mañana.
Consumir el futuro por adelantado significa utilizarla para obtener hoy resultados a cambio de debilitar esas capacidades futuras.
La diferencia puede ser invisible porque ambas producen exactamente lo mismo en el presente:
resultados.
Solo el tiempo revela cuál de ellas estábamos comprando.
Y cuál estábamos hipotecando.