Pero la vida solo ocurre donde hay conciencia.
Vivir no es estirar el calendario.
Es estar despierto mientras el instante se abre.
Porque el tiempo acumulado se pierde.
El tiempo atravesado se convierte en nosotros.
Reflexiones y opiniones personales
Vivir no es estirar el calendario.
Es estar despierto mientras el instante se abre.
Porque el tiempo acumulado se pierde.
El tiempo atravesado se convierte en nosotros.
Puede que quien atraviesa el tiempo con conciencia haga menos cosas, vaya más despacio, produzca menos, pero vive con mayor densidad. Cada experiencia deja huella.
La vida no se mide en duración, sino en profundidad de presencia.
Al final, lo que cuenta no es cuántos años pasaron, sino cuántos momentos fueron realmente habitados.
Muchos llegan al final de etapas de su vida con una sensación extraña: “he hecho muchas cosas, pero no sé si he vivido”. Lo que falta no es tiempo, es presencia.
No recordamos los años.
Recordamos los instantes en los que estuvimos realmente ahí.
Esos momentos tienen algo en común: atención plena, emoción sentida, percepción despierta. La conciencia fue más intensa que la distracción.
Ahí el tiempo deja de ser un número y se convierte en significado.
Dos personas pueden vivir el mismo día:
Exteriormente es el mismo tiempo.
Interiormente son mundos distintos.
La conciencia añade espesor a la existencia. Hace que el momento deje de ser superficie y se convierta en experiencia que transforma.
Sin conciencia, el tiempo nos arrastra.
Con conciencia, lo habitamos.
Atravesar implica contacto.
Significa no estar siempre en:
La conciencia convierte el instante en experiencia. Sin ella, los días se deslizan como agua sobre una superficie sellada: pasan, pero no penetran.
Con conciencia, en cambio, incluso un instante breve puede contener una vida entera. Un minuto de presencia real pesa más que horas de dispersión.
No es cuánto dura algo.
Es cuánto te atraviesa.
Nuestra cultura funciona por acumulación:
Pero se puede acumular mucho tiempo sin haberlo habitado nunca. Días que pasaron, pero no fueron vividos. Conversaciones oídas pero no escuchadas. Momentos registrados, pero no sentidos.
Eso no es vida.
Es tránsito inconsciente.
El tiempo no se vive por el simple hecho de transcurrir.
Se vive cuando la conciencia lo atraviesa.