Mostrando entradas con la etiqueta Oportunidades. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Oportunidades. Mostrar todas las entradas

La recompensa antes del camino

 

Hay una forma sutil de fracasar antes de empezar: recibir aplausos por aquello que todavía no hemos hecho.

A veces contamos nuestros objetivos no para comprometernos más con ellos, sino para sentir, durante unos segundos, que ya somos la persona que imaginamos ser. Decimos: “voy a escribir”, “voy a cambiar”, “voy a crear”, “voy a empezar”, y el mundo, generoso o distraído, nos concede una pequeña ovación anticipada. Entonces algo peligroso sucede: la mente confunde el anuncio con el avance, la intención con la transformación, la promesa con la obra.

No es superstición. No es mala suerte. Es una economía secreta de la emoción.

Cuando alguien admira nuestro propósito antes de que exista, nos entrega una recompensa sin exigirnos el esfuerzo. Y toda recompensa prematura debilita el hambre. Ya hemos sido reconocidos sin haber atravesado la disciplina, sin haber soportado el cansancio, sin haber repetido el gesto oscuro y silencioso que convierte una idea en realidad.

Porque las metas no se cumplen en el brillo de la declaración, sino en la penumbra de los hábitos. No nacen cuando las explicamos bien, sino cuando seguimos trabajando en ellas incluso después de que nadie pregunte. El verdadero progreso suele ser invisible, monótono, casi humillante. No parece una conquista, sino una repetición. No tiene espectadores. No produce relato inmediato. No seduce.

Por eso conviene proteger algunos sueños como se protege una llama pequeña en mitad del viento. No por miedo a que otros los arruinen, sino porque todavía no tienen suficiente cuerpo para soportar miradas ajenas. Hay proyectos que deben crecer primero en silencio, lejos de la opinión, lejos del entusiasmo fácil, lejos de esa aprobación que nos adormece.

No se trata de callarlo todo. Se trata de elegir bien a quién se le abre la puerta. Hay personas que convierten una meta en espectáculo. Otras la convierten en responsabilidad. Las primeras aplauden tu deseo. Las segundas te preguntan qué harás mañana.

Y quizá esa sea la verdadera diferencia.

No necesitamos más testigos de lo que queremos llegar a ser. Necesitamos aliados de lo que estamos dispuestos a construir.

Porque una vida no cambia cuando es narrada. Cambia cuando deja de pedir permiso emocional para empezar.

Críticas

No solemos aceptar de buen grado las críticas, más bien las vemos como problemas y no como oportunidades.

La perfección es un fin inalcanzable, un objetivo ideal para conseguir el equilibrio interno a través de lo externo. El día a día es un medio para irnos acercando a ese estado y las críticas que nos hacen son auténticas oportunidades para ir más deprisa si las utilizamos para corregir los errores y los defectos que pasamos por alto.

Una crítica debe ser un estímulo que plantea un problema que hay que resolver. Creer que hacemos las cosas perfectas es una utopía puesto que, como he dicho antes, la perfección es inalcanzable aunque podamos acercarnos.

Un servicio, un producto, un conocimiento, todos son respuestas actuales a una necesidad o curiosidad humana que de ningún modo van a perpetuarse en el tiempo aunque las críticas y correcciones pueden prolongar su vigencia. Como la vida, todo lo que hacemos es perecedero y el reto está en aumentar su longevidad puesto que lo útil lo seguirá siendo si se transforma la crítica en mejora.

Sin crítica o queja no hay cambio, se está en un estado latente y aparente de perfección con lo que se hace, sin embargo, el tiempo es un factor desestabilizador de ese estado ya que otros cambios inducirán nuevas necesidades y curiosidades en lo que consideramos que era perfecto.

Una nueva forma de definir la innovación podría ser: "distancia que separa una crítica de su solución, entendiendo por distancia, el tiempo, el esfuerzo, la inversión o el conocimiento utilizados en su ejecución".

Hemos de ser críticos e innovadores. Las críticas son manantiales de ideas gratuitas que deben guiar nuestras acciones para mantenernos en ese viaje de constante mejora que es la vida.

Amenazas y oportunidades

Con el tiempo todo debe ser corregido y adaptado. Todo cambia a nuestro alrededor. Cambian las tecnologías, los métodos, los servicios, los hábitos, los clientes, la competencia y debemos adaptarnos.

Hay quien entiende por cambiar hacer reformas, informatizarse sin más, cambiar el mobiliario o incluso de oficina, pero la inmensa mayoría de empresarios y altos cargos se olvidan de empezar primero por los empleados, sin ese primer paso el resto no tiene sentido.

El cambio no es estático, es algo dinámico y permanente. La innovación es cambio y la productividad depende de ello.

La incorporación de nuevos productos, los métodos de formación, el arte de la motivación, las demostraciones, la forma de presentar y vender los nuevos equipos, las nuevas estrategias comerciales, … todo debe formar parte de ese cambio metódico, constante y equilibrado para que los empleados recualificados sean el propio generador de ese impulso innovador.

Es hora de abrir las puertas a ejecutivos, consultores y formadores “freelance” y “on-line” para que ayuden a formar, motivar e implanar la cultura del cambio y la innovación permanente en el seno de las empresas, optimizando los recursos y el capital humano disponible.