El tiempo no pasa: se acumula

Decimos que el tiempo pasa para no admitir que somos nosotros quienes quedamos atrás. El tiempo no huye: se deposita. Capa sobre capa, gesto sobre gesto, renuncia sobre renuncia. Se acumula en la memoria, en el cuerpo, en los silencios que ya no sabemos explicar y en las decisiones que un día parecieron pequeñas pero acabaron inclinando una vida entera.

Nada desaparece del todo. Incluso lo olvidado sigue actuando desde algún rincón. Por eso el tiempo no es un río que corre fuera de nosotros, sino un sedimento interior que nos va haciendo. Vivir no consiste solo en avanzar, sino en cargar con todo lo que cada instante deja adherido al alma.

Envejecer, entonces, no es perder tiempo, sino volverse más denso. Más lleno de huellas, de restos, de ecos. Somos la suma visible de una acumulación invisible.

Y quizá por eso hay días en que no pesa el presente, sino todo lo que sigue viviendo dentro de él.