La rigidez del control

Cuando todo debe pasar por normas, filtros y autorizaciones, la capacidad de adaptación disminuye.

A veces, al intentar controlar demasiado un sistema, se reduce justo aquello que le daba fuerza:
la velocidad, la creatividad, la iniciativa o la capacidad de competir frente a quienes aceptan más riesgo.

Regular puede proteger.
Pero sobrerregular puede inmovilizar.

Y en determinados contextos —tecnología, economía, geopolítica o innovación— la pérdida de velocidad termina convirtiéndose también en pérdida de poder.