Leí un excelente artículo de Alfons Cornella del que quiero destacar una frase: "... ser eficiente ya no es suficiente. Hay que ser diferente. Hay que ser único". Con esa capacidad de síntesis, el propio autor se delata y demuestra que ya existen personas así y quiero aprovechar ese concepto para generalizarlo. Las empresas luchan por diferenciarse, por ser únicas, para conseguir la fidelidad del consumidor o arrebatarlo a la competencia. Su supervivencia depende de ello. Productividad e innovación son sus principales estrategias para ser diferentes, para ser únicas.
Pero las empresas son personas y sin involucrarse en esa meta todo se fosiliza. Más que nunca aptitudes como la imaginación y la creatividad son vitales, pero no como individualidad, sino compartida en busca de la suma vectorial de talentos que hagan fluir ideas que contribuyan a esa diferenciación empresarial que comentaba. Pero eso exige que se cree un ambiente estimulante que propicie la participación y en el que se valore la capacidad y el esfuerzo mental.
Es una era de retos, de cambios, de oportunidades para todos. Es una era en el que deben apartarse las rutinas, los hábitos, el hacer lo de siempre de igual modo, puesto que alguien, en alguna parte, ya lo hace y con ello nos supera y nos apartará de nuestro mercado, de nuestra especialidad, de nuestro oficio.