VIVIENDA

Una de las claves de la productividad es hacer más con menos y de éste modo reducir costes, mejorar precios y aumentar la demanda de un producto o servicio. Sin duda, en la construcción de viviendas ese enunciado también se ha tenido en cuenta y nuevos materiales, técnicas y herramientas han permitido reducir los costes y tiempos de construcción. Sin embargo, la previsible reducción de precios que eso debería llevar implícito para aumentar la demanda no sólo no se ha producido, sino que los precios se han disparado como consecuencia de que la demanda persiste en contra de toda lógica, como si la construcción de viviendas estuviera controlada por un monopolio, en el que la competencia no existe.

Aunque el fenómeno es curioso desde el punto de vista de las leyes del mercado, resulta que ante ese imparable incremento en los precios y siendo imposible acceder a ellos con la actual estructura salarial de los interesados, llega la genial idea de aumentar el plazo de pago para su adquisición y ya no son 30 ni 40, ahora ya se dispone de 50 años para amortizar la hipoteca.

Me pregunto, de esos 50 años: ¿cuántos se dedicarán a pagar intereses?, ¿cuántos a pagar los costes reales de la construcción? y ¿cuántos se destinarán al beneficio neto del promotor y propietario del terreno?. No lo sé, pero me da la impresión que muchos de nosotros trabajaremos muchos años esclavizados por ese afán desmedido de riqueza de unos pocos. Lo peor es que ni en vida seremos dueños de nuestra vivienda y nuestros hijos serán los relevos para liquidar nuestras deudas.

En éste contexto la productividad es lo de menos, también lo son los costes reales y basar el crecimiento económico en la especulación sobre los menos pudientes es humillante para la sociedad.