La humanidad que todavía no conocemos

Pensamos que conocemos nuestras capacidades porque conocemos aquello que sabemos hacer. Pero quizá llevemos siglos confundiendo capacidad demostrada con capacidad existente.

Una persona aprende una profesión, desarrolla determinadas habilidades y acaba construyendo alrededor de ellas una identidad: «esto es lo que sé hacer». Sin embargo, esa afirmación contiene una zona invisible: todo aquello que podría haber hecho si hubiese tenido ocasión, herramientas o tiempo para descubrirlo.

La inteligencia artificial introduce una anomalía en este proceso.

Hasta ahora, descubrir una aptitud exigía frecuentemente dominar antes la técnica necesaria para expresarla. Había que aprender a dibujar para explorar la imaginación visual; programación para materializar determinadas estructuras lógicas; composición para comprobar una intuición musical.

La técnica era también una frontera.

La IA empieza a reducirla.

Podemos experimentar antes de dominar, producir antes de convertirnos en especialistas y entrar en territorios que anteriormente exigían años de aprendizaje previo. Esto invierte parcialmente el proceso:

Antes: aprender → dominar → hacer → descubrir.

Ahora: probar → hacer → descubrir → aprender → amplificar.

Quizá la IA no esté creando algunas de esas capacidades. Quizá simplemente esté permitiendo que aparezcan.

Entonces el tiempo liberado adquiere otro significado. No recuperamos solamente horas. Recuperamos posibilidades de exploración. Y de esa exploración pueden emerger aptitudes desconocidas que, una vez descubiertas, se conviertan en nuevas capacidades.

Tiempo liberado → exploración liberada → potencial liberado → potencial conectado.

Si además esas capacidades pueden encontrarse y combinarse con otras independientemente de la geografía, podríamos estar ante algo mayor: una inmensa reserva mundial de capital cognitivo latente que nunca hemos contabilizado porque nuestros sistemas educativos, laborales y económicos solo pueden medir aquello que consiguió manifestarse.

Tal vez una persona considerada poco cualificada esté simplemente mal explorada. Tal vez una carrera profesional no represente nuestro mayor talento, sino el talento que las circunstancias permitieron descubrir.

La pregunta resulta incómoda:

¿Cuánta capacidad humana permanece actualmente invisible porque nunca tuvo ocasión de manifestarse?

Quizá una de las grandes consecuencias de la inteligencia artificial no consista en descubrir hasta dónde pueden llegar las máquinas.

Sino en empezar a descubrir hasta dónde podíamos llegar nosotros.