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Las capacidades que todavía no existen


Solemos pensar que una persona contiene un repertorio de capacidades que la vida irá descubriendo. Algunas aparecerán pronto; otras permanecerán dormidas por falta de educación, oportunidad o estímulo. Bajo esta mirada, desarrollar a alguien consiste fundamentalmente en revelar aquello que ya estaba allí.

Pero quizá una parte de nuestras posibilidades no esté escondida en nosotros.

Puede que algunas capacidades solo lleguen a existir cuando establecemos determinadas relaciones con el mundo.

Entrar en una feria tecnológica, hojear una revista científica, leer un libro extraño o escuchar una idea inesperada puede parecernos una simple adquisición de información. Sin embargo, algo más profundo puede estar ocurriendo. Cada exposición introduce objetos, conceptos y relaciones que antes no pertenecían a nuestro espacio mental. Después del encuentro, seguimos siendo nosotros, pero ya no somos exactamente el mismo sistema cognitivo.

Una idea nueva puede permanecer aparentemente inactiva durante años hasta encontrarse con otra. Entonces surge una relación que nunca habíamos pensado y, con ella, una posibilidad intelectual que tampoco existía previamente.

Esto obliga a reconsiderar qué significa tener una capacidad latente.

Lo latente quizá no sea siempre una facultad dormida esperando despertar. Puede ser una posibilidad de relación todavía inexistente.

La diferencia es enorme.

Si esto fuera cierto, conocer no consistiría únicamente en llenar nuestra mente de contenidos. Cada conocimiento modificaría silenciosamente el territorio de lo que podremos pensar después. Aprender algo sería también aumentar el número de futuros encuentros posibles entre nuestras ideas.

Por eso exponerse a lo desconocido tiene un valor difícil de medir. No podemos saber qué libro, conversación, viaje, imagen o descubrimiento resultará decisivo, porque su verdadero efecto quizá dependa de algo que todavía no hemos encontrado.

La cultura adquiere entonces otra dimensión: no es solamente un almacén de conocimiento heredado. Es un inmenso ecosistema de encuentros potenciales.

Quizá algunas de nuestras mejores capacidades no estén esperando dentro de nosotros.

Tal vez estén esperando que encontremos aquello que permitirá que existan.